RIO

Cumpas de la calle Rodney

Via Rolling Stone

By Humphrey Inzillo

David Byrne y La Portuaria se reencontraron en Buenos Aires: historia de una amistad de cantinas, música mestiza y espíritus trotamundos.

Desde el aire, la llegada al aeroparque de la ciudad de Buenos Aires regala una postal surrealista: un pedazo de Medio Oriente (¡berretísimo!) rodeado de puestos de choripán y sándwiches de bondiola al paso, restoranes y complejos de piletas. Al regreso de la minigira que realizó junto a La Portuaria por la Patagonia, David Byrne quedó fascinado por ese paisaje y, al día siguiente, pedaleó hasta Tierra Santa en busca de imágenes bizarras para su sitio web, que acaso formen parte de alguna de las muestras que realiza en prestigiosas galerías del mundo.

Pero es jueves y el parque temático Tierra Santa está cerrado y Byrne está tomando un café en el bar de un coqueto hotel de Palermo Viejo junto a Diego Frenkel, Sebastián Schachtel y el Colo Belmonte, pilares de La Portuaria, flasheados, excitados y felices como si fueran niños. El itinerario Byrne en la Argentina había empezado una semana atrás, con la grabación del video de "Hoy no le temo a la muerte" en el bar de la calle Rodney. El regreso del grupo a ese sitio que diera nombre a su primer hit, quince años después del clip original y con el plus de la presencia de Byrne, habla de un exitoso camino transitado. "Yo siento que se inicia un momento nuevo. Es el comienzo de algo maravilloso y excitante. Creo que esto que pasó con David funciona como una nueva plataforma", se entusiasma el Colo.

¿Cómo fue? Sencillo. La Portuaria convocó a Byrne a formar parte del clip y él decidió quedarse unos días más y pasear por Buenos Aires. "David, mirá que tenemos un show el sábado y después nos vamos a tocar a Bariloche", le dijeron. "¿Puedo tocar con ustedes?", retrucó. El resultado fue uno de los momentos musicales más altos en lo que va del año. La Trastienda es un lugar demasiado pequeño para un artista de tremenda talla. Poco más de quinientos afortunados fueron testigos del exquisito encuentro entre Byrne y La Portuaria en "Hoy no le temo a la muerte" y "Explorador". Y, en el final, reversionaron dos temas de Talking Heads: "Road to Nowhere" (con un coro encabezado por Deborah Dixon y Celsa Mel Gowland) y "And She Was". Con-mo-ve-dor. Luego, Bariloche, Fiesta de la Nieve y después…

Byrne y Frenkel se conocieron en una visita de David a Buenos Aires a mediados de los 90. "Fue en la calle Corrientes –recuerda Diego–. Habíamos coincidido en una función de una película de Orson Welles en la sala Lugones del San Martín y a la salida nos encontramos en un café." La anécdota retrata muy bien a Byrne, que suele mimetizarse con las costumbres y tradiciones porteñas. De hecho, en un alto de la grabación del clip, iPod mediante, fue a practicar su parte en la canción frente a la tumba de Gardel, en el Cementerio de la Chacarita. Lo curioso es que David estaba al tanto del viejo rito de encenderle un cigarrillo a la estatua del Mudo, mientras que muchos porteños lo desconocen.

Podríamos decir que el rock latino tiene dos pilares exógenos. Uno, rebelde y combativo, es Manu Chao y su Mano Negra. El otro, acaso más refinado y experimental, es Byrne y su Rei Momo (1989). "Para mí, la salsa, la cumbia y el merengue eran otra parte de la música de Nueva York. No la parte de Lou Reed, la otra… Sé que era una mixtura, porque, definitivamente, no soy el típico cantante latino", se ríe. "Ese fue mi primer show en Buenos Aires, y para mí fue muy loco llevar esos ritmos a Sudamérica. ¡Algo totalmente innecesario!", dice David. Diego y Sebastián festejan la ocurrencia ("claro, como llevar naranjas al Paraguay") y recuerdan los shows en Obras: "Estábamos en primera fila. Disfrutamos mucho de verlo en escena, y ver a esa banda… Era todo muy impactante. Sobre todo, la mezcla entre su voz y la actitud, salida del punk neoyorquino, mezclado con lo otro. No parecía que estuviera cantando covers de salsa. El resultado era muy fuerte".

En algún momento, David quiso incluir un tema de La Portuaria en un compilado de su sello, Luaka Bop, que posee uno de los catálogos más exquisitos en música latina y brasileña, y rarezas psicodélicas (Susana Baca, Os Mutantes, Shuggie Otis, Tom Zé, etcétera). La recopilación nunca salió por problemas burocráticos. Esos mismos problemas son los que llevaron a Byrne a desligarse del sello, a sólo un par de años de celebrar las primeras dos décadas.

El rechazo al tufillo etnocentrista que encierra el término "world music" es compartido por David y La Portuaria. "Ese rótulo tiene que ver con una visión aristocrática de la música", define Frenkel. Byrne sostiene que "el pop occidental es el fast food musical", aunque el pop también puede ser vanguardia: "Hay una canción de hip hop que se llama «The Whistle Song», y el ritmo está hecho con chasquidos y silbidos. La letra es una mierda, pero esas bases son interesantes". Frenkel anota, y agrega: "David también es un artista pop. Y es brillante. Nosotros, desde hace muchísimos años, sentimos una profunda identificación en nuestra historia musical. Con él, con Talking Heads, y con todas sus investigaciones. Por eso, esta amistad es como un sueño cumplido".

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